Dejar a un perro solo en casa no tiene por qué convertirse en una fuente de estrés, ni para él ni para ti. La clave está en trabajar la autonomía emocional con un plan progresivo, ejercicio adecuado y un entorno bien preparado. Además de la parte emocional, es importante conocer qué dice la ley sobre dejar a un perro solo en casa, tema que desarrollamos en detalle en este artículo sobre la legalidad de dejar un perro solo en casa. Si necesitas acompañamiento experto y vives en la provincia de Barcelona, puedes contar con nuestro servicio de adiestramiento canino en Barcelona.
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ToggleSeñales de que tu perro no lo pasa bien al quedarse solo
Antes de entrenar, conviene leer lo que el perro “dice” cuando se queda sin compañía. Algunas señales frecuentes de que lo está pasando mal son:
- Inquietud intensa antes de que salgas, siguiendo cada uno de tus movimientos.
- Hipervigilancia hacia puertas, llaves, abrigo o bolso.
- Ladridos, lloros o aullidos nada más cerrar la puerta.
- Destrucción localizada en marcos, puertas o ventanas.
- Micciones o defecaciones en casa sin causa médica aparente.
- Jadeo, salivación excesiva, temblores o lamidos compulsivos.
Distinguir aburrimiento (energía sin gastar, perro que se “inventa” actividades) de ansiedad por separación (pánico real, incapacidad de calmarse) determina el tipo de trabajo a realizar. En cuadros moderados o severos, una evaluación de un etólogo canino ayuda a no perder tiempo en pruebas que puedan empeorar la situación.
Preparación del entorno: seguridad, rutina y ocupación
La casa debe transmitir seguridad y previsibilidad. Es preferible que, al principio, el perro no tenga acceso a toda la vivienda, sino a una o dos zonas en las que se sienta cómodo:
- Una cama o zona de descanso siempre en el mismo sitio.
- Agua fresca disponible y temperatura adecuada.
- Sin cables al alcance, plantas tóxicas ni objetos frágiles.
Normaliza una rutina previa a la ausencia que siempre siga un patrón similar: paseo, calma, recursos, salida. Si tu perro es joven o estás empezando desde cero, te ayudará seguir pautas específicas como las de Para los más jóvenes, adaptando ejercicios y tiempos a su etapa.

Ejercicio físico y mental antes de dejarlo solo
Un perro que ha tenido paseo de calidad y algo de trabajo mental antes de quedarse solo, gestiona mucho mejor la ausencia. No se trata solo de cansarlo corriendo, sino de combinar:
- Paseo olfativo donde pueda oler y explorar con calma.
- Algo de juego activo (pelota, tira y afloja controlado) según su edad y condición física.
- Un rato de masticación segura o un juguete relleno antes de irte.
Así reduces energía acumulada y facilitas que, cuando cierres la puerta, el cuerpo le pida descanso en lugar de buscar cómo desahogarse.
Enriquecimiento: olfato, masticación y juguetes interactivos
Más que dejar “juguetes sueltos”, es mejor ofrecer recursos que fomenten la autorregulación:
- Alfombras de olfato con premios escondidos.
- Kongs o juguetes rellenos de comida húmeda o pienso mezclado con algo más apetecible.
- Mordedores seguros de distinta textura.
Este tipo de actividades convierten el momento de quedarse solo en algo predecible y, en parte, agradable.
Protocolo “salidas en escalera”: habituación progresiva
El núcleo del trabajo es exponer al perro a ausencias graduales que pueda gestionar sin desbordarse. Solo avanzamos cuando el tramo actual es sencillo para él.
Semana 1 – Micro-ausencias
- Día 1–2: coge llaves o abrigo, sal y entra casi al momento (5–10 segundos). Haz varias repeticiones con pausas.
- Día 3–4: ausencias de 30–60 segundos, manteniendo un tono neutro al salir y al volver.
- Día 5–7: ausencias de 2–3 minutos. Si el perro se mantiene tranquilo y retoma su actividad (masticar, tumbarse), puedes subir de nivel.
Semana 2 – Construcción de minutos
- Trabaja tramos de 5–7–10 minutos en días alternos.
- Mantén constantes las “señales de rutina”: mismo tipo de juguete, misma zona, mismo sonido de fondo.
- Si aparece nerviosismo pero baja solo en poco tiempo, consolida el tramo unos días más.
Semana 3 – Tramo funcional
- Ausencias de 15–20–30 minutos no consecutivos.
- El objetivo es que inicie un ciclo de descanso: se tumbe, respire tranquilo y no esté pendiente de cada ruido.
- Si ves que la activación aumenta y no baja, retrocede medio paso en la escalera temporal.
Regla clave: sube solo cuando el tramo actual le resulta “aburrido” y fácil.
Entradas y salidas sin dramatismo
Tu actitud al irte y al volver marca mucho la experiencia del perro:
- Sal siempre con un ritual breve y neutro: colocas recursos, das una señal corta (“vuelvo luego”) y te vas.
- A la vuelta, espera a que se relaje un mínimo antes de saludar; no hace falta ignorarlo del todo, pero evita montar una fiesta.
Dos errores frecuentes:
- Irse a escondidas: genera más vigilancia y desconfianza.
- Regresos exagerados: convierten tu llegada en un evento enorme y la espera en algo muy cargado emocionalmente.
Apoyos que ayudan (y cuándo tiene sentido usarlos)
En muchos casos, un entorno bien preparado y un buen plan de ausencias son suficientes. En otros, puede ayudar añadir:
- Difusores de feromonas en la zona donde se queda.
- Ruido blanco o música suave para amortiguar sonidos externos.
- Una cámara doméstica sencilla para observar qué hace realmente durante tu ausencia.
La cámara no se usa para hablarle todo el rato, sino para interpretar tiempos y señales: cuánto tarda en activarse, cuánto tarda en calmarse, en qué momentos ladra, etc. Si, pese a todo, los síntomas son intensos (pánico, autolesiones, destrucción severa), es momento de coordinarte con veterinario y profesional de comportamiento.
Errores que empeoran el problema
Algunos errores que se repiten con frecuencia:
- Castigar al perro cuando vuelves y ves destrozos o heces.
- “Probar suerte” con ausencias largas sin haber trabajado las cortas.
- Cambiar continuamente de estrategia, juguetes y rutinas sin dar tiempo a que nada se consolide.
- Pretender que el perro gestione muchas horas solo sin ejercicio previo, sin pausas ni apoyo externo (paseador, familiar, guardería).
En estos casos no es que el perro “no aprenda”, es que no le estamos dando condiciones razonables para tener éxito.
Plan semanal de referencia (para ajustar a tu caso)
- Lunes / miércoles / viernes: paseo olfativo 20–30 min + 10 min de masticación + ausencia objetivo (según escalera) + regreso neutro.
- Martes / jueves: trabajo de olfato en casa 5–10 min + varias ausencias muy cortas para generalizar.
- Fin de semana: consolidar el tramo que ya controla; si todo va estable, subir ligeramente.
En cachorros y perros jóvenes, acorta mucho los tiempos de ausencia, prioriza salidas higiénicas y socialización, y trabaja la tolerancia a la separación como un ejercicio más desde el principio. En perros senior, ajusta tiempos, facilita accesos y cuida articulaciones y sentidos.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas horas puede estar solo un perro?
- Entre 4 y 6 horas es un máximo razonable para la mayoría con buen trabajo previo. Más tiempo requiere pase intermedio o cuidador.
¿Otro perro como “compañía” lo soluciona?
- No necesariamente. Ayuda si hay buen vínculo y temperamentos compatibles; no sustituye tu figura si hay ansiedad por separación.
¿Si ladra, vuelvo de inmediato?
- En entrenamiento, trabaja con tiempos que pueda gestionar para no practicar el pico de ansiedad. Si ya te fuiste, ajusta la escalera para la siguiente sesión.
Conclusión: autonomía emocional, consistencia y respeto
Lograr que un perro se quede solo con calma no va de “aguantar” sino de enseñar a autorregularse. Con entorno preparado, ausencias graduadas y gestión emocional neutra, la mayoría pasan de la inquietud a la tranquilidad.











