A menudo se piensa que las perreras municipales y las protectoras funcionan igual. Por eso, en este artículo queremos profundizar un poco en la diferencia y explicar qué pasa con los perros abandonados cuando llegan a una y a la otra.

En nuestra última entrega comentábamos las causas del abandono de perros. Y es que durante la pandemia, y especialmente, los primeros meses de la desescalada, el abandono y la devolución se dispararon, aumentando así la presión sobre las perreras y las protectoras.
Y en Adiestrar Perros, eso nos preocupa.

¿Qué sucede con los perros abandonados?

La ley establece que todo municipio con más de 5000 habitantes debe contar con un servicio de recogida y captura de animales abandonados y callejeros. Con el paso de los años, esto ha avanzado hacia un sistema de registro censal que permite un control mayor de la población canina, la clasificación de los perros potencialmente peligrosos y la persecución del abandono y el maltrato.

La diferencia entre perreras y protectoras

Las perreras municipales

Las perreras municipales entran en este marco legal. En muchos casos están financiadas por administraciones públicas, pero son gestionadas por empresas concesionarias, con mayor o menor ánimo de lucro. Cuentan con un plazo máximo para darlos en adopción o sacrificarlos, y les interesa mantener un cierto nivel de altas (y de bajas) para seguir cobrando. Normalmente, por viaje o por animal que recogen.

El problema está en el control ético de las concesiones y de los propios centros, ya que en muchos casos se ha visto que reducen sus gastos ajustando la cantidad o la calidad de la comida, la cantidad de perros que tutelan, o el tiempo que les dedican cerrando, por ejemplo, fines de semana o festivos.

Hay numerosas denuncias, tanto en los medios como en manos de las autoridades competentes, sobre prácticas poco éticas. No es, ni de lejos, lo más habitual, pero según la capacidad de una perrera, un sacrificio puede no hacerse esperar más de 72 horas si presentan alguna enfermedad grave o contagiosa, o una agresividad manifiesta. Especialmente si se trata de razas potencialmente peligrosas que poca gente quiere adoptar.

Las perreras cumplen una función totalmente necesaria pero, por falta de recursos o por una gestión centrada en los beneficios, no ofrecen el mejor entorno para los perros.
No cuentan con el personal, las herramientas o los protocolos que los perros necesitan en situaciones traumáticas. Principalmente porque son espacios con espacio limitado, al límite de la superpoblación, y con una alta circulación de perros, cosa que oculta realidades.

Las protectoras

Sí, las protectoras también deben cuadrar números, y tampoco tienen espacio o recursos infinitos. Pero están financiadas a menudo por capital privado y particular. Suelen estar gestionadas por entidades sin ánimo de lucro o por sus propios socios, y cuentan a menudo con personas que tienen la cualificación y/o la vocación necesarias para asegurar el bienestar de los animales.

Y cuando la prioridad es el bienestar de los perros y no solo mantenerlos lejos de la calle, todo eso da más tranquilidad. Su exposición pública también es mayor, cosa que ofrece alguna garantía más.
Las hay que en muchos casos recurren a casas de acogida asociadas, y que hacen más previsible el entorno, aunque sea temporal.

Photo by Laura Chica on Unsplash

Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos.

Con esto no queremos decir que todas las perreras maltratan, ya que estaríamos cerrando la puerta de salida a muchos perros. Al contrario, no se puede poner en cuestión la buena voluntad de los profesionales que ahí trabajan, ni meterlas a todas en el saco de las denunciadas por maltrato.

Pero si piensas adoptar un perro, te recomendamos que lo hagas en una protectora o a través de particulares, pues habrán estado expuestos a entornos físicos y sociales sanos.
Las tiendas de animales son un lugar cerrado, ruidoso y muy frustrante para los perros, cosa que se puede volver muy problemática con la edad. Y mucho menos en la calle, opción generosa pero muy arriesgada, ya que no sabes nada sobre él o sus experiencias pasadas.

Y si lo que buscas es un cachorro, lo más recomendado es:

  • Un criadero pequeño o familiar. Tienen pocas camadas al año y los criadores tienen el tiempo para ocuparse de los cachorros. Personalmente, desconfiamos de los criaderos grandes: tienen demasiados perros y los criadores no tienen tiempo de ocuparse de ellos.
  • Particulares. Una buena opción ya que tienen tiempo para ocuparse de los cachorros. Están criados en un entorno familiar, dentro de una casa o un piso con los ruidos típicos del día a día, que es lo que se va a encontrar cuando lo lleves a tu hogar.

¿En qué fijarse?

Sobre todo, hay que observar el lugar de adopción:

  • Las instalaciones, su equipamiento y la limpieza del lugar.
  • La salud y la apariencia de los perros.
  • El espacio disponible para que corran y jueguen
  • Dónde duermen.
  • El trato que se les da.

Integrar a un perro adoptado requiere evaluar sus aptitudes sociales y psicológicas y, en muchos casos, es recomendable tomar algunas sesiones de corrección de conducta, porque el instinto de supervivencia puede desplazar algunos aprendizajes que haya recibido antes.

En caso de adopción, los traumas a los que ha estado expuesto un perro de perrera pueden tener un serio impacto en su comportamiento. Por ejemplo, una mayor probabilidad de sufrir miedos problemas de ansiedad, o ansiedad por separación.

Si tienes cualquier duda, es muy importante que la despejes antes de dar el paso.

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