El juego es uno de los métodos de aprendizaje más efectivos a la hora de desarrollar las capacidades motoras y sociales de los animales. Ese instinto es común a muchas, si no todas, las especies del reino animal. Incluso a muchos animales que tienen una vida adulta solitaria. Todos los animales juegan, aunque no sepamos exactamente cómo.
Los perros son animales sociales toda su vida. Su programación genética es resultado de un aprendizaje adaptativo, y de milenios conviviendo con humanos.

Juego en los perros, tan importante como comer y dormir.

El juego es una forma de comunicación en la que se aprende códigos y límites de conducta. Se aprende gestos, movimientos, y se aprende a asociarlos con emociones y sentimientos.

El aprendizaje de un lenguaje corporal y auditivo se produce de forma simultánea y complementaria. Y tiene una gran capacidad de cohesión, que en situaciones puede decidir quién está dentro y quién está fuera. En el caso de los perros, se produce en los primeros meses, cuando juegan con su madre y con los demás perros de la camada.
La importancia del juego es mayor en el caso de adoptar a un perro. Favorece la comunicación entre miembros de la misma especie, e incluso entre especies diferentes, como muestra multitud de vídeos inspiradores en internet.

Si algo nos enseña todo esto, es que la función social del juego es muy profunda y juega un papel importante en la evolución de las especies del mundo animal.

¿Qué hace que el juego sea juego?

El estudio del juego se ha abordado desde muchas disciplinas. Desde la sociología y la psicología, hasta las ciencias de la educación.

Y el juego entre animales comparte unas características:

  1. No tiene una causa aparente. Cuando dos individuos juegan no lo hacen con un objetivo, como puede ser obtener comida o deshacerse de un estímulo desagradable
  2. Es espontáneo. El juego no requiere de organización previa o de la preparación de un terreno. Al contrario, el juego se construye sobre la marcha, elimina jerarquías y obliga a los participantes a controlar sus impulsos, a confiar y a empatizar.
  3. Es exagerado y ostentoso. La comunicación pasa por leer las señales que emite el otro. Los juegos incorporan cierta teatralidad que ayuda a aprender movimientos y a asociarlos a las emociones.
  4. La repetición de un juego ayuda a definir los efectos posibles de acciones concretas en situaciones concretas. La práctica hace al maestro.
  5. Relajación. El juego se suele dar en situaciones distendidas y lejos de amenazas. Los ánimos tensos no permiten jugar con naturalidad.

La importancia del juego está en que prepara a los individuos para distintas interacciones que tendrán en el futuro. Tan solo hay que recordar los juegos de nuestra infancia, antes de que los dispositivos móviles se interpusieran entre las personas y el medio en el que viven.

Los beneficios que el juego aporta son muchos.

  • Fomenta la exploración, que familiariza con el entorno.
  • La experiencia individual y colectiva favorece la cooperación y la empatía.
  • Aumenta la probabilidad de supervivencia, ya que enseña a reconocer los peligros.
  • Fomenta el conocimiento del propio cuerpo. Las capacidades y los límites físicos y sociales son algo que solo se aprende con la experiencia y el entrenamiento.

Jugando, los perros aprenden a controlar la fuerza de su mordida o de determinados movimientos. El aprendizaje por asociación se produce a través de la consecuencia de una acción, y en función del juego y de la situación aprenden una forma específica de hacer las cosas.

  • La simulación de la pelea,
  • El reconocimiento del lenguaje corporal,
  • Autocontrol en la fuerza de sus movimientos
La importancia del juego

Photo by Darinka Kievskaya on Unsplash

 

 

 

 

 

Los estudios sobre la importancia del juego ya han cubierto a muchas especies. Desde el humano hasta las pequeñas arañas sociales, pasando por osos y ratas.

En el caso de las arañas, el juego más frecuente es la simulación del apareamiento, y los estudios sugieren que aquellas que son aisladas ponen sacos de huevos más pequeños, y presentan una tendencia mayor a matar al macho tras el apareamiento.

Como muchos otros mamíferos, las ratas también juegan simulando peleas en edades tempranas. Sin embargo, cuando son adultas dejan de hacerlo como un juego. Eso demuestra la importancia del juego en el aprendizaje.

La sociabilidad y la cooperación son una respuesta evolutiva, que en el caso de los cánidos ha permitido cazar a animales de mayor tamaño y defenderse de las amenazas de un medio.

La comunicación entre los perros funciona por turnos, y es lo que les permite alternar roles. Así aprenden a reconocer cuándo persiguen y cuándo son perseguidos. Cuándo son cazadores y cuándo son presa. Y aunque hoy por hoy su mayor peligro no sea ser devorado por otra especie, asumir un rol o el otro es necesario para tener referencias sobre su comportamiento ante otros perros y otras personas.

¿Qué pasa si no hay juego?

Para responder a esta pregunta basta con observar a los humanos del siglo XXI.

  • Juegan menos al aire libre y en la naturaleza, y tienen menos relación con el medio en que viven.
  • Toman menos riesgos físicos. Hay un menor conocimiento del cuerpo, y ha cambiado la percepción del riesgo y el peligro.
  • Los niños ahora juegan con dispositivos móviles, es decir, lo hacen de manera individual, sin actividad física y sin contacto con el medio o la naturaleza.

Y los niños ya no trepan a los árboles.

Las consecuencias de este cambio están asociadas, cada vez con más frecuencia, con el aumento en los casos diagnosticados de enfermedades y trastornos mentales como la ansiedad y la depresión, consecuencias también del aburrimiento de los perros.

La sobreprotección es una causa habitual, ya que se acostumbra al cerebro a no experimentar y aprender por los sentidos propios. Así, la sensación de peligro es aprendida sin comprobación empírica: el miedo es enseñado, y no el resultado de un aprendizaje propio.

Por ejemplo, muchos perros pequeños muestran síntomas de ansiedad, miedo y hasta agresividad. Reacciones que en muchos casos son defensivas, y consecuencia directa de una protección excesiva y una socialización insuficiente.

El juego y la experimentación son instintivos y tienen mucho que ver en un buen desarrollo emocional y social. Perros y humanos compartimos, en algún lugar del cerebro, ese gen social sin el que no sobreviviríamos, pues la superación y la realización personal son emociones necesarias para seguir existiendo.
Esto no significa que debas dejar a tu perro explorar el mundo libremente. Puedes hacerlo si tienes el entorno físico y social controlado, pero es importante que siempre lo vigiles para evitar problemas.
La importancia del juego para el aprendizaje es la base de las técnicas que utilizamos en Adiestrar Perros para lograr perros felices y emocionalmente estables.

Enviar Mensaje
1
Déjame un mensaje en Whatsapp