Gestionar la muerte de un perro es, probablemente, lo último que queremos pensar. Es un tema incómodo y delicado pero, aun así, forma parte de lo que es tener un perro.
Un perro es un ser sintiente y un miembro de la familia, mucho antes de que la nueva ley de animales de compañía lo estableciera. Quien ha tenido un perro en algún momento de su vida lo sabe, y sabe, sobre todo, lo dolorosa que es su muerte. Para todos.

Por todo esto, en Adiestrar Perros creemos necesario dar una guía para dar un poco de tranquilidad en un momento tan difícil.

 

Signos vitales

 

El organismo suele dar señales de que está llegando al final de su vida y se está apagando.
Y sea por negación o por desconocimiento, a menudo los ignoramos. Por eso es importante tener un marco de referencia para identificar lo que está pasando. En el caso de los perros:

  • La temperatura normal de un perro sano es de 38º a 39º.
  • Su ritmo respiratorio es de unas 30 respiraciones por minuto.
  • El color de sus encías es rosado
  • El ritmo cardíaco varía según el tamaño de cada perro, pero es de:
  • Perros pequeños: 90 – 140 latidos por minuto
  • Perros medianos: 70 – 110 latidos por minuto
  • Perros grandes: 60 – 90 latidos por minuto

 

Reconocer los síntomas

Cuando la vida de los perros se acerca a su fin, suelen aparecer algunos síntomas que se puede confundir fácilmente con problemas de comportamiento. Síntomas que pueden tener sentido en ciertas edades. Si necesitas ayuda para contextualizar su edad, échale un ojo a la equivalencia aproximada en años humanos.

  • Pérdida de interés en el juego, en la interacción social o en actividades que antes disfrutaban
  • Pérdida de comportamientos y trucos aprendidos
  • Pérdida de apetito
  • Repentinamente, empieza a hacer sus necesidades dentro de casa
  • Cambios en su ciclo del sueño
  • Inquietud nocturna y dificultad para dormir
  • Pasa mucho tiempo quieto
  • Muestra señales de molestia o incomodidad: llanto, gemido o jadeo excesivo.

Un perro notará si sufre muchos cambios físicos o si son significativos. Pero además de la frustración que le generarán las dificultades de la edad avanzada o de una enfermedad, no entenderá qué está pasando. Y eso puede provocarle estrés, ansiedad o más miedo, y repercutir en su forma de relacionarse.

Estos problemas de comportamiento tienen una solución más difícil. Lo único que se puede hacer en este caso es respetar su espacio y darle cariño, aunque sea a distancia. Con tu voz, tu presencia y palabras de afecto ya lo estarás haciendo sentir mejor.
Lo normal es que estos síntomas, sumados a la edad y a un enfermedad – si la hay, ya te hayan llevado a urgencias, y que todo esto no te coja por sorpresa.

Gestionar la muerte de un perro

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Acompañarlo hasta el final

El envejecimiento es un proceso lento e imparable. Y no es difícil reconocer a perros mayores por su pelaje, dificultades al andar, y limitaciones para correr, saltar o subir escaleras. Por tanto, no hay manera de hacer que un perro entienda lo que le está pasando.

Si tu perro quiere estar solo, o si no quiere que lo toquen, jugar o salir a pasear, respétalo. Asegúrate también de que todos los miembros de tu casa hagan lo mismo. Solo demuéstrale que sigues ahí, y sea dándole golosinas, hablándoles suavemente (incluso desde el otro lado de la habitación), elogiándolos, ofreciéndoles lugares cómodos para dormir tranquilamente. Algo tan sencillo como tu cercanía y tu voz tranquilizadora también serán muy reconfortantes.

Sobre todo, hay que entender que, cuando los perros se acercan al final de su vida, su comportamiento y personalidad pueden cambiar. Evita enfadarte por si hay accidentes en casa, o si no quiere salir a hacer sus necesidades. Según los síntomas de tu perro, puede que tengas que pensar en cuidados paliativos, que lo ayudarán a aliviar el dolor.

 

Trámites legales

La muerte de un perro requiere hacer dos trámites:

  1. Dar de baja el chip en el censo.
  1. Decidir si se prefiere entierro o incineración.

Si el perro muere en una clínica veterinaria, suele ser el veterinario quien se encarga de las gestiones. Pero si muere en casa o en la calle, hay que trasladarlo al veterinario o a los servicios municipales para que lo haga. Este servicio normalmente tiene un coste que, por ejemplo, el Ayuntamiento de Barcelona pone según el peso del animal.

Para dar de baja el microchip es necesario ponerse en contacto con el Registro general de animales de compañía o al mismo ayuntamiento donde se le dio de alta. Si tienes un seguro que cubre la muerte de tu perro, debería encargarse de todo.
Pero ten en cuenta que está prohibido enterrar a los perros en lugares no autorizados, como por ejemplo el jardín de casa o el bosque. Y las multas son elevadas.

Gestionar la muerte de un perro

Y luego, ¿qué?

El duelo es inevitable y varía en cada persona, por lo que no podemos dar grandes pautas que sirvan a todo el mundo por igual. Hay que aceptar la partida sin olvidar lo vivido.

Si tienes otro perro en casa, tardará un tiempo en aceptar que su compañero ya no está. Es muy normal que desarrolle problemas de comportamiento como los descritos más arriba, y no deberías ignorarlo. Más bien, háblalo con tu veterinario, o  para evitar que desarrolle ansiedad por separación o que se deprima.

Observa las siguientes conductas para ver su evolución:

  • Aislamiento
  • Falta de apetito
  • Letargo y dormir más de lo habitual
  • Comportamientos agresivos o destructivos
  • Hace sus necesidades en casa
  • Hace vocalizaciones inusuales, llamando al perro que ya no está
  • Lo busca incansablemente en casa y en otros lugares que frecuentaba
  • Se apega más a su propietario y lo sigue a todas partes.

Si te planteas adoptar a otro perro, asegúrate de que todo el mundo está de acuerdo y preparado. Porque cada perro es único y puedes tener expectativas construidas durante una vida con otro. Tendrás que elegir uno apropiado para el hogar y tu estilo de vida. Y tendrás que darle una buena educación para que se adapte a ellos.

Cuidado, eso sí, con llevar a un perro nuevo si hay otro perro viviendo en tu casa. No deja de ser un extraño que está donde su compañero ya no está. Y la sensación de invasión podría crear problemas donde querías evitarlos. Será muy importante que cuentes con un adiestrador de perros profesional que te ayude con la aceptación del uno, y con la integración al hogar del otro.

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